Guia de Turismo de Islandia

Auroras boreales sobre el monte Kirkjufell, en el Parque Nacional de Snaeffelsjokull.
Auroras boreales sobre el monte Kirkjufell, en el Parque Nacional de Snaeffelsjokull.

Islandia es un territorio en el extremo. Islandia es una isla plantada en mitad del océano Atlántico, en los límites de Europa y de América, al borde del círculo glaciar ártico. Una isla en el extremo del mundo y en el extremo de lo habitable. Pero al mismo tiempo, Islandia en un destino turístico cada vez más apreciado por los viajeros. Un viaje por un destino que combina una historia increíble, una naturaleza sublime y espectacular, un compendio, finalmente, de lo que es el viaje. Esa sensación indescriptible que es una mezcla de soledad y de armonía, de pasión, velocidad y calma. Esos sonidos del silencio de los parajes desolados donde reina la paz de la naturaleza. Esos lugares que parecen recién construidos para nosotros y que, sin embargo, llevan ahí, cambiando desde hace eras.

Turismo en Islandia

Islandia es todo lo contrario de un destino para los turistas pasivos. Se trata de un camino a explorar y descubrir, donde estaremos solos, y donde tendremos que contar con los otros. Una isla mágica donde reencontrarse con el espacio y disfrutar del aire puro, y donde, paradójicamente, se observan los desmanes de la economía más salvaje e irracional y los cambios climáticos.

Islandia lo resume todo. Islandia ha sido un puente entre Europa y América, una colonia vikinga, un laboratorio de la economía neoliberal y, ahora, un esbozo de otras formas de economía. Un país con recursos energéticos y con la solidez de una población escasa pero tenaz. Los islandeses merecen que les visitemos para comprender sus logros al dominar esta roca anclada frente a Groenlandia y el Ártico. Pero también para entender sus errores, ecológicos y económicos. En Islandia se aprende qué es lo imprescindible en la vida, qué es lo necesario y lo superfluo, qué hace falta para convivir con el poder de la naturaleza.

Islandia, una tierra de hielo, una isla de tierra, de agua, aire y fuego.

Erupción de 2010 del Eyjafjallajökull. Foto de Olikristinn
Erupción de 2010 del Eyjafjallajökull. Foto de Olikristinn

Es la isla más grande y majestuosa de todas las que jalonan el Océano Atlántico. Su clima no tiene nada que ver con el de la isla portuguesa de Madeira, las Azores, las Islas Canarias, o Santa Elena. Y sin embargo, la naturaleza es la principal riqueza del país. Una naturaleza nueva, ya que la isla ha surgido de la dorsal que divide y aleja América y Eurasia.

Islandia posee decenas de volcanes, algunos de los cuales con sus erupciones perturban el tráfico aéreo de media Europa; fallas que la recorren de Este a Oeste; glaciares inmensos; lagos; islas que surgen de la nada en mitad del océano, bahías y fiordos profundos. Paisajes para mantenernos en silencio y disfrutar de esas imágenes que nos acompañarán el resto de nuestra vida.

El fuego.

Sobre la Dorsal atlántica se halla esta isla singular. Sobre la misma línea de la dorsal, Islandia es cumbre de las montañas submarinas por las que se crea corteza terrestre. Su pasado volcánico es presente y hábito. Así surgió en 1963 la isla de Surtsey el territorio más joven de la tierra. 130 de sus 200 volcanes están activos y cuando despiertan suelen ser temibles. Así se recuerda la historia trágica del Laki en 1783 que a punto estuvo de acabar con la población islandesa, o la más reciente del Eyjafjallajökull en 2010 que interrumpió el trafico aéreo de Europa durante varias semanas. Otros volcanes han entrado en el imaginario colectivo, como el Snaefels donde Julio Verne situaba el inicio del periplo del Viaje al Centro de la Tierra.

Islandia es una falla que crece y que confunde todos los elementos telúricos. Así en la falla que separa América y Europa se creó uno de los primeros parlamentos del mundo. En esa falla que cuando no estalla se incrusta el agua creando algunos de los sitios de buceo más especiales del mundo. Una falla que alinea volcanes, que crea cascadas y geisers, un compendio de un planeta en movimiento.

El agua.

La laguna glaciar de Jokulsarlon en una preciosa foto de ©Neus Cañas.
La laguna glaciar de Jokulsarlon en una preciosa foto de ©Neus Cañas.

Elemento indispensable en Islandia por tratarse de una isla. Las bahías y fiordos que abundan sobre todo en la parte occidental, en la península de Vestfirdir (o fiordosde oeste) y en la región de Austurland. El mar ha sido la vía de la colonización y descubrimiento de América y Groenlandia. Hoy Reykiavik es una escala para ferries y cruceros que visitan la región ártica.

Otra de las grandiosas manifestaciones del agua en Islandia son por los glaciares, el Vatnajökull, el Hofsjökull, el Langjökull y el Mýrdalsjökull. Estas reservas de agua dulce alimentan cursos de agua y lagos como el Thingvallavatn (Þingvallavatn).

Las cascadas de Islandia son muestras de la tierra y algunas se encuentran entre los monumentos naturales más importantes de Islandia. La más famosa e ineludible, pues forma parte del circuito turístico del Golden Circle o Círculo de oro, es la de Gullfoss. No tan conocidas pero igual de espectaculares son las de Dettifoss, Skogafoss, Haifoss, Dynjandi, Godafoss, Svartifoss, Selfoss, etc…

El otro extremo de la isla en la zona nororiental se puede recorrer siguendo la Ruta del Círculo de Diamante o Diamond Ring. En un radio de 100 km alrededor de Húsavik encontraremos volcanes, fallas, cascadas, landas increíbles y paisajes encantados.

El agua en todos sus estados modela, perturba y alimenta el paisaje islandés. Precisamente uno de sus atractivos turísticos más importantes es el Blue Lagoon (Bláa Lónið), el Lago Azul, situado frente a las torres de la estación geotérmica, una de las plantas que alimentan a Islandia de energía barata y ecológica. En este paradisiaco lugar, en invierno o en verano es posible disfrutar de baños termales en un entorno prodigioso (no es el único, pero si el más conocido y caro). Una paradoja más de Islandia. En el norte, cerca de Husavik, en los aledaños del lago Myvatn se encuentra otro centro termal que tampoco pueden dejar de visitar si sus pasos les llevan hasta allí.

Elagua y el hielo se funden en dos lugares mágicos de Islandia. Ambos situados al sur del país y no demasiado lejos muestran las maravillas de este país. El lago glaciar de Jokulsarlon, lago creado en siglo XX por la fusión de los hielos del glaciar de Vatnajokull.

No muy lejos la cueva glaciar de Skaftefell muestra una bóveda helada esculpida por la naturaleza.

Llenas de aire marino, de pescado y marisco están las islas Vestmann, al 30 minutos en ferry al sur de Islandia. Este archipiélago volcánico abriga el puerto pesquero más importante del sur Heimaey, millones de frailecillos, y senderos increíbles.

Una de sus islas, Surtsey surgió en 1963 de las profundidades y hoy es uno de los territorios más recientes de la Tierra. Por su gran interés natural y geológico forma parte del patrimonio mundial de la UNESCO.

El Aire.

Islandia se mueve y explota en sus Geysers cada minuto. ©Neus Cañas.
Islandia se mueve y explota en sus Geysers cada minuto. ©Neus Cañas.

La naturaleza naciente se expresa también con otro los símbolos de Islandia. El vulcanismo tiene su faceta explosiva con los volcanes y los cráteres humeantes, con las coladas de lava incandescente.

Los geisers, palabra de origen islandés, son otra de las manifestaciones de la lucha titánica que cruje bajo Islandia. El más famoso, el de Strokkur expele agua y vapor cada 14 minutos en el parque de Haukadalur, que forma parte de la ruta del Círculo Dorado.

El aire está poblado de misterio y belleza, hablamos de las Auroras Boreales, ese espectáculo celeste que sólo existe en las altas y bajas latitudes de nuestro planeta. En Europa las auroras boreales sólo de pueden observar cerca de los polos, donde el escudo electromagnético de la tierra es más débil. Esas cortinas de reverberaciones y choques de partículas son otra de las maravillas islandesas. Otro de sus mitos y de sus atractivos. Para visitarlas venga a Islandia desde octubre hasta marzo. En verano, a pesar del buen tiempo y precisamente por ello, las Auroras Boreales no son visibles.

Las auroras boreales pueden verse desde cualquier lugar de Islandia, basta que nos alejemos de las zonas pobladas, Reykiavik no es el mejor lugar para verlas sin duda. También existen excursiones organizadas si es lo que desean.

La Tierra.

Las tierras altas de Landmannalaugar no están totalmente despobladas. Foto de ©Neus Cañas.
Las tierras altas de Landmannalaugar no están totalmente despobladas. Foto de ©Neus Cañas.

La tierra infértil erosionada por la deforestación humana se embellece en cada cuesta en cada colina y recoveco de la geografía islandesa. Un decorado duro y rugoso, lleno de mitos y leyendas que, sin embargo, tendemos a mitificar. Un país para soñar e imaginarnos en la frontera del mundo de la civilización, pero finalmente un país con problemas y deseos similares a los de toda la Humanidad. Una imaginación que a veces va más allá de la realidad de un país con problemas como todos. Comentan los músicos del grupo Sigur Ros, que fuera de Islandia se piensa que los textos de sus canciones hablan de glaciares, elfos y paisajes desolados. En realidad, se refieren a desengaños amorosos, problemas sociales y temáticas dignas de las novelas de terror.

Esto no debe ocultar las bondades del sistema de bienestar escandinavo, la calidad de sus artes (literatura, música, pero también cine, artes gráficas y plásticas, diseño, arquitectura) y sus instituciones científicas, simplemente situar las cosas en su lugar y ver que, al final, todos los humanos nos parecemos.

Islandia se conoce gracias a su cultura y artistas, a sus novelas policíacas y a la crisis económica que ha sufrido. Muchos tópicos se han añadido a los anteriores, rudeza y confianza vikinga, idealización escandinava… Viajar a Islandia puede ser una manera de abrir nuestra mente al frescor del paisaje, sentir la fuerza del volcán, el poderío del geiser, la colosal verdad de la cascada, la grandilocuencia de la llanura que hiende en dos el Atlántico. Viajar a Islandia puede ser una forma de derribar tópicos, de saborear la gastronomía boreal, de vivir la noche de Reykiavik, meterse en la piel de un pionero y comprobar en primera persona, que uno de los tópicos al final se cumple. El de la amabilidad y la cercanía de los islandeses.

Panorama cerca de Vik. ©Neus Cañas
Panorama cerca de Vik. ©Neus Cañas

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